Mallorca en pequeñas notas: Joaquim Mir y una colección hecha a mano
Hay paisajes que se recuerdan por sus colores. Un azul que gana profundidad junto al verde, una piedra que parece guardar el calor del día, una claridad que vuelve distinto lo que toca. Nuestra pequeña colección de bisutería hecha a mano dedicada a Mallorca nace de esa memoria visual y del encuentro con la pintura de Joaquim Mir.
Dos pares de pendientes y una pulsera componen tres interpretaciones de la isla. El cristal de Murano, el vidrio de botella y la cerámica aportan maneras distintas de recibir la luz: transparencia, suavidad mate y brillo esmaltado. Cada pieza propone un pequeño paisaje que se puede llevar.
Joaquim Mir: mirar Mallorca a través del color
La estancia de Joaquim Mir en Mallorca, a comienzos del siglo XX, fue decisiva para el desarrollo de su lenguaje. Como explica el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el descubrimiento del paisaje de la isla lo llevó hacia una pintura en la que luz y color se combinan con una creciente libertad respecto a la representación naturalista.
Su mirada convierte el paisaje en una experiencia sensible. Los tonos se encuentran, las formas se sugieren y la naturaleza adquiere un ritmo propio. Esa libertad es el punto de partida de nuestra colección: escoger colores y materiales capaces de despertar una sensación, una temperatura, un recuerdo.
Los nombres Costa de Mallorca, Miramar. Cala Sant Vicenç. Mallorca y Nota. Mallorca ofrecen el hilo que une las piezas con el universo del pintor. Las afinidades cromáticas que proponemos son una interpretación personal, nacida del diálogo entre sus paisajes y nuestros materiales.
«Costa de Mallorca»: una pequeña composición marina

Azul profundo, turquesa y azul claro se suceden en tres cuentas de cristal de Murano. Sus bandas y vetas introducen pequeñas variaciones dentro de cada tono; los aros y separadores de acero inoxidable con acabado dorado acompañan esa composición sin interrumpirla.
En esta pieza, el color se mueve con el rostro. Un reflejo hace más clara una cuenta, una sombra intensifica otra. La costa aparece como una relación entre matices: agua, distancia y claridad, reunidas en un ritmo de tres notas.
«Miramar»: la calidez de la isla

Los pendientes «Miramar» exploran una paleta cálida de coral, miel y naranja. El cristal deja pasar la luz entre vetas y transparencias, mientras los pequeños detalles dorados subrayan su calidez.
La disposición de los colores cambia ligeramente entre un pendiente y otro. Esa asimetría introduce un movimiento discreto, como dos frases que pertenecen a la misma melodía. El nombre remite a Miramar. Cala Sant Vicenç. Mallorca, de Joaquim Mir; nuestra lectura evoca el calor de la piedra y la luz que permanece en la memoria después de dejar la isla.
«Nota de Mallorca»: una espiral junto al mar

La pulsera reúne cuentas de vidrio de botella en azul profundo y una pieza de cerámica en forma de concha espiral. La superficie mate de las cuentas contrasta con el esmalte brillante del centro, donde el azul y el verde recorren un relieve de inspiración marina.
Su nombre toma como referencia Nota. Mallorca, de Joaquim Mir. La espiral concentra la atención y el círculo de cuentas le da continuidad: una pequeña dedicatoria a la isla, pensada para acompañar la vida cotidiana.
Una colección hecha a mano, tres formas de guardar un paisaje
En Ma Meilleure Symphonie, esta pequeña colección se construye mediante la selección de los componentes, el diálogo entre sus texturas y el montaje a mano. El cristal de Murano pertenece a los pendientes; el vidrio de botella y la cerámica, a la pulsera. La unidad está en la sensibilidad que los reúne.
Con lino y una camisa blanca, los colores adquieren una frescura mediterránea. Junto a seda o punto fino, conservan su presencia cuando llega el otoño. Son piezas para seguir llevando un paisaje después del viaje: un fragmento de luz junto al rostro, una memoria azul sobre la muñeca.
Descubre más piezas en nuestras selecciones de pendientes y pulseras.
Para conocer el contexto artístico de Joaquim Mir: Paisaje, Museu Nacional d’Art de Catalunya, y El vitral mallorquín de Joaquim Mir, La poza azul.